Un día en Gibraltar

Decidimos ir a pasar el día al peñón, y no os voy a engañar, para mí el principal atractivo eran los monos, pero es un trocito de tierra con mucha historia, repleto de contrastes y con unas vistas impresionantes.

Nuestra visita a Gibraltar surgió de improviso cuando estábamos pasando unos días en un camping de Tarifa (menos mal que por ahora no hace falta pasaporte para entrar y con el DNI vale).

Como había leído por Internet que las mejores formas de subir al peñón eran en bus o teleférico dejamos el coche en la Línea de la Concepción, justo antes de la frontera (en el parking Santa Bárbara, al aire libre pero más barato que la media de la zona y muy cerquita de Gibraltar).

Cruzamos la frontera andando –hay que mostrar el DNI dos veces al entrar a territorio de Reino Unido y una al salir-y dimos una vuelta por el centro de la ciudad, antes de subir al peñón. Nos llamó la atención que justo al dejar de pisar territorio español empezamos a escuchar a los lugareños hablar un perfecto inglés con acento británico, pero si alguien se dirigía a ellos en español, de repente parecían gaditanos de toda la vida. Ese mismo contraste se hacía notar en los carteles de los restaurantes, que anunciaban tanto pescaíto frito como fish and chips. Y claro, en algunos sitios hay que pagar con libras, pero en muchos otros también aceptan euros.

Comimos una hamburguesa y fish and chips en un restaurante cerca del teleférico –cable car en inglés- por menos de 20€, donde nos atendió un camarero con aspecto “British” y con el que interactuamos en inglés, aunque nos sentimos ridículos al pensar que seguramente hablaría un perfecto gaditano. ¡Y para el peñón que nos fuimos!

Como solo íbamos a pasar el día y nos habían dicho que las vistas merecían la pena, cogimos el billete de ida y vuelta para el cable car -que nos salió por unos 20€ por cabeza-. El conductor (o como se llame a la persona que conduce un teleférico) se dirigía a todos los pasajeros en inglés y a nosotros, que nos había escuchado hablar español, en el mismo idioma con acentazo gaditano. Efectivamente, las vistas eran impresionantes y al llegar arriba puedes dirigirte a dos miradores, el del norte y el del sur.

Justo al salir de la cabina, ¡allí estaban los macacos! Los pobrecitos tienen muy mala fama, pero son más buenos que el pan. Todo el mundo atosigándolos para hacerse fotos y ellos hasta posan, o en el peor de los casos huyen. Eso sí, una chica llevaba el bolso abierto repleto de cacahuetes, y un mono, al parecer hambriento, metió la mano y se quedó con la bolsa entera. También un señor que no paraba de acercarse a un pequeñín se llevó su merecido… el monito le dio un guantazo y le tiró las gafas de sol al suelo. Pero ya os digo, con sentido común y respeto, no sufriréis su ira.

Tras un rato con los peludos y hacerme una foto –con una prudente distancia de seguridad- con uno de ellos, nos encaminamos al sur del peñón, y es que las vistas de África me enamoraron.

Y así terminó nuestra corta visita a Reino Unido, vuelta al teleférico y viaje en coche hasta el camping de Tarifa de nuevo. Tal vez Gibraltar no da para estar mucho tiempo, pero ir a pasar el día merece la pena, con lo cerquita que lo tenemos.

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